Garage

 CAPÍTULO 10



La tarde se le pasó volando a Loli. Había quedado, y la incertidumbre o el recelo inicial habían dado paso a las ganas de que llegaran las siete y media. Sabía que a poco que le echara ganas, podía ser una cita agradable. La duda era esa: ¿quería echarle ganas?

Le atraía ese chico. Le parecía guapo e inteligente. Y tenía, eso estaba claro, una paciencia infinita. Al menos con ella. Pero, a la vez, recelaba de cualquier cosa/situación que pudiera ir a más. Su vida era sencilla. Y esa era la palabra clave. Sencilla. Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Mucha tele y libros y si quería tomar algo lo hacía cuándo quería y cómo quería. Básicamente…..sola.

A su edad (treintaytodos como ella decía) no tenía más obligaciones que su trabajo y pagar el alquiler de su piso mensualmente. El único recibo que tenía a su nombre y domiciliado era el del teléfono, y eso le gustaba. La gente empieza a tener problemas cuando quiere más. En cualquier aspecto de su vida. Laboralmente, socialmente, económicamente…..en lo que sea. Y no estaba dispuesta a hipotecar su tranquilidad por un tema de ambición.

¿Qué me pongo?

¿Me preguntas a mí?

Sí, Carmen. La que sabe de ir a citas y eso eres tú. Yo ya ni me acuerdo.

Vale. Pregunta importante, nena. ¿Qué quieres que pase en esa cita?

Pues no lo sé, la verdad.

Pues estamos jodidas. Si quieres acabar en su cama a las once de la noche, deberías ponerte más guapa y procurar que él lo sepa.

¿Qué sepa qué?

Pues eso. Lo que me has dicho. Nadie habla de ir como una golfa o una buscona pero no te pongas esas fajas con las que vienes, a veces, a trabajar.

iGilipollas eres!

No, es verdad. He sido un poco bruta pero tú sabes a lo que me refiero. Con unos vaqueros, una camiseta y una chupa de esas que tienes estarás muy guapa. No necesitas nada más. Pero era bueno que Nicolás notara que te has cambiado para la ocasión. También estás guapa aquí y ahora pero no procede que vayas así.

No se llama Nicolás.

¿Lo sabes tú?

Sí. O no, pero bueno; Nico.

Nena, Nico suele venir de Nicolás. Tengo muchas probabilidades de acertar.

Ma da igual de dónde venga. Se llama Nico.

Claro, claro, lo que tú digas.

A mí me llamas Dolores y no pongo más cafés aquí.

El problema de dejar las decisiones para el final era que, por mucho que lo dejara, siempre llegaba ese momento en que había que hacer algo. Sí o no. Blanco o negro. Adecentarse o ponerse cualquier cosa. Y en ese punto estaba. Camino de casa con algo más de una hora para volver a salir rumbo a una cita “atípica”. No quería citas pero sí quería esa cita. Aunque no lo reconociera.

Loli era guapa. No llamativa pero guapa. Morena, un poco más alta de la media y aunque ella decía que le sobraban unos kilos, los demás no opinaban igual. De esas chicas que con cualquier cosa que se pongan están guapas. Y fue lo que hizo. Unos vaqueros, una camisa negra y una chupa del mismo color. Punto. Sencillo y elegante.

Recordó lo que le dijo Carmen. Lo de que se notara algún cambio entre la camarera y la chica que iba a tomar algo a aquella cafetería. Se puso un collar que tuvo que buscar un rato y unas pulseras de tela que le daban un toque informal. “Casual” decía ella.

Cuando salió del ascensor y se vio en el espejo casi le dieron ganas de soltar un piropo. Se veía guapa y, sobre todo, cómoda. Bastante más cómoda que mientras se adecentaba o durante la tarde. Estaba convencida de que aquello era una cita y quería disfrutarla.


Podría haber quedado a las siete, pero quería tener la tarde tranquila. Se pasaba el día en un estado de alerta continuo en el trabajo, y le gustaba “parar” un poco cuando terminaba. Tomarse todo con más calma. Le había dado tiempo a llegar a casa, sentarse un rato, leer lo que había pasado por el mundo, ver un par de vídeos chulos y decidir, sin presión, la ropa que se iba a poner. Podría, además, salir de casa tranquilamente, tomar un café en el barrio y luego acercarse hasta la cafetería en la que habían quedado. Cero prisa. Ni física ni mentalmente. Calma era lo que necesitaba.

Quería llegar puntual. Pero siempre dudaba. ¿Qué es ser puntual? Llegar a las siete y media en punto es muy difícil salvo que estés en la puerta esperando a que sea esa hora. Llegar antes está bien si no es mucho. No debes llegar a las siete y cuarto. Esos quince minutos te van a parecer eternos y no ayudaran a que la primera impresión sea buena. Además, llegar tarde está mal, pero que la otra parte de la cita llegue en punto y tú ya estés allí igual le hace sentirse incómodo. Incómo e impuntual, aunque quizás sean las siete y media. Un jaleo, vaya.

Nena, no le des vueltas, se dijo mientras miraba el reloj por penúltima vez.

Llegado ese punto las dudas habían desaparecido. Se sentía cómoda, guapa y estaba en uno de esos momentos en que una se ve capaz de casi cualquier cosa. El chico con el que había quedado ya no era un cliente que le caía mal o un borde con no muy buenas intenciones. Era alguien que, seguro, tenía mucha paciencia. Loli era consciente de que lo más normal hubiera sido que la mandara a la mierda, pero no, la había invitado a tomar algo.

Ups , hola. ¿hace mucho que has llegado?

No, no, tranquila. Acabo de sentarme. Todavía no me ha visto el camarero.

Es que los hay que son muy lentos.

Las primeras risas de la tarde aparecieron por la puyita que Loli había soltado a sus compañeros de gremio. En realidad lo soltó como una medalla a su trabajo en el Garage.










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