Dos mejor que uno Una aturbonada tarde de Agosto de 1955, me acerqué a EL Parador, para esperar la llegada del autobús en el que venía un tío mío desde Gijón y allí me encontré con Don Valeriano y Ségis, que estaban sentados uno junto al otro en el banco, frente a las acacias. Este cura, el estar en ruinas la casa rectoral, vivía en una habitación de la parte alta de la casa de María. En aquel tiempo era bastante joven, menudo, de habla suave y mirada profunda y se preocupaba mucho de los niños, de su formación y ocio y en una ocasión los llevó a Madrid a ver museos, el zoológico y todo lo que pudo con sus escasos medios y también estuvieron en la casa de mis padres, en donde alguno de ellos vio por primera vez la televisión. Saludé a los dos y empezamos a conversar sobre mi trabajo, la familia, de Madrid y de mil cosas más o menos tontas, hasta que se fue entrando poco a poco en materia religiosa, hábilmente...
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