Hasta que empiece a componer las vivencias últimas, confórmate con un poco de sosiego marino. Me da corte y confección el daros las gracias por vuestros deseos de mejora. El ánimo hasta ahora no me falta, pero me refugio en la lectura para no ver tanto político, periodista, comentarista y observador queriendo estirar el cuello para que se le vea continuamente. Hay profesionales competentes, y profesionalas, jóvenes y maduros, que tienen un sentido más universal, más humano y más realista que el de los que solo parecen querer disimular el presente, cambiando y parcheando continuamente su falta de coordinación y templanza. Se han muerto en el mundo más de tres millones de PERSONAS y hay centeneras de miles de desconocidos gritando de hambre, de falta de vivienda, de trabajo y de un país que le acoja, mientras por aquí hay insensibles cofradías que quieren sacar imágenes con capas ll...
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Angel y sus amigos del bosque
Ángel era un niño de siete años con cuatro amigos muy especiales: un elfo de la luz, que vivía en el bosque, una sirena llamada Susan, la salamandra, y por último, un hada de tierra. Una mañana, Ángel desapareció. Lo encontraron en el fondo de un pozo, intentaron sacarle, pero al no poder pensaron a buscar a su abuelo para que los ayudase. Fueron hasta un río donde él estaba pescando. La sirena se acercó al bote y le dijo: – Ven al bosque, Ángel se ha caído a un pozo. El elfo se le apareció para pedirle ayuda. Incrédulo frente a lo que estaba viendo, volvió a la orilla. Una vez ahí el hada de tierra le pidió que le acompañase. Asustado salió corriendo, en la cabaña encendió la chimenea y cuando se dio la vuelta vio a la salamandra. Ella le dijo: – No temas, tienes que ayudarnos tu nieto está en peligro. Por fin el abuelo lo vio y consiguió sacarle de aquel pozo. el abuelo del niño le preguntó que quién eran todos esos seres y él le respondió: – Son mi...
2021.Otra experiencia hospitalaria
II Ya antes de ir al hospital, llevaba dos días de abstinencia evacuatoria con el vientre bastante hinchado y así se lo declaré a la enfermera al ingresar, cuando me preguntó si tenía algún síntoma o molestia especial, pero en la madrugada, parece que tenía ciertos síntomas de protesta intestinal, por lo cual pulsé el timbre de asistencia y por el interfono comuniqué mi apremio. Pasaron algo más de diez minutos y ya sentía cada vez más intensos los retorcijones, hasta que al fin vinieron dos auxiliares de enfermería, muy protegidas con unas especiales batas verdes, portando un orinal plano o cuña bastante grande y que sin más preámbulos intentaron colocármelo debajo del trasero, encomendándome no moverme en absoluto, manteniéndome en esa postura horizontal, pero me negué en rotundo, diciéndoles que me resultaba imposible evacuar en semejante postura y deseaba ir al inodoro, ya que además estaba seguro de que no había ningún ser humano de cualquier raza, que hiciera...


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