Hasta que empiece a componer las vivencias últimas, confórmate con un poco de sosiego marino. Me da corte y confección el daros las gracias por vuestros deseos de mejora. El ánimo hasta ahora no me falta, pero me refugio en la lectura para no ver tanto político, periodista, comentarista y observador queriendo estirar el cuello para que se le vea continuamente. Hay profesionales competentes, y profesionalas, jóvenes y maduros, que tienen un sentido más universal, más humano y más realista que el de los que solo parecen querer disimular el presente, cambiando y parcheando continuamente su falta de coordinación y templanza. Se han muerto en el mundo más de tres millones de PERSONAS y hay centeneras de miles de desconocidos gritando de hambre, de falta de vivienda, de trabajo y de un país que le acoja, mientras por aquí hay insensibles cofradías que quieren sacar imágenes con capas ll...
Entradas populares de este blog
Angel y sus amigos del bosque
Ángel era un niño de siete años con cuatro amigos muy especiales: un elfo de la luz, que vivía en el bosque, una sirena llamada Susan, la salamandra, y por último, un hada de tierra. Una mañana, Ángel desapareció. Lo encontraron en el fondo de un pozo, intentaron sacarle, pero al no poder pensaron a buscar a su abuelo para que los ayudase. Fueron hasta un río donde él estaba pescando. La sirena se acercó al bote y le dijo: – Ven al bosque, Ángel se ha caído a un pozo. El elfo se le apareció para pedirle ayuda. Incrédulo frente a lo que estaba viendo, volvió a la orilla. Una vez ahí el hada de tierra le pidió que le acompañase. Asustado salió corriendo, en la cabaña encendió la chimenea y cuando se dio la vuelta vio a la salamandra. Ella le dijo: – No temas, tienes que ayudarnos tu nieto está en peligro. Por fin el abuelo lo vio y consiguió sacarle de aquel pozo. el abuelo del niño le preguntó que quién eran todos esos seres y él le respondió: – Son mi...
Evocaciones de una aldea nunca perdida
Dos mejor que uno Una aturbonada tarde de Agosto de 1955, me acerqué a EL Parador, para esperar la llegada del autobús en el que venía un tío mío desde Gijón y allí me encontré con Don Valeriano y Ségis, que estaban sentados uno junto al otro en el banco, frente a las acacias. Este cura, el estar en ruinas la casa rectoral, vivía en una habitación de la parte alta de la casa de María. En aquel tiempo era bastante joven, menudo, de habla suave y mirada profunda y se preocupaba mucho de los niños, de su formación y ocio y en una ocasión los llevó a Madrid a ver museos, el zoológico y todo lo que pudo con sus escasos medios y también estuvieron en la casa de mis padres, en donde alguno de ellos vio por primera vez la televisión. Saludé a los dos y empezamos a conversar sobre mi trabajo, la familia, de Madrid y de mil cosas más o menos tontas, hasta que se fue entrando poco a poco en materia religiosa, hábilmente...


Comentarios
Publicar un comentario