Enigmas de Doña Palla
PRÓLOGO
De la Historia de Asturias en la época de la Edad
Media y concretamente en esta zona praviana, no parece conocerse mucho sobre mujeres que hubiesen destacado por su personalidad, poderío o méritos, salvo Adosinda la esposa del rey Silo que vivió y murió en Santianes en la mitad del siglo VIII y que desarrolló una gran labor para llevar al trono a su sobrino Alfonso II el casto, que fue quien trasladó la corte a Oviedo.
Sin embargo, tiempo después en el siglo XI y en las proximidades de Riberas, vivió una significativa dama llamada Doña Palla, vecina, dueña y señora de nuestros espacios, en los que desplegó poder y autoridad, con un sentido de la justicia muy poco habitual en esa época y a la cual, algunos historiadores dedicaron su tiempo y conocimiento para desvelar su influencia e intervención histórica, pero que si bien
en su tiempo fue destacada, conocida, admirada y hasta temida, en la actualidad y a nivel popular, tal nombre solo parece ser reconocido como un pequeño enclave, quizás rodeado de algunos cuentos y mitos alteradas por el paso de los tiempos.
Un ilustre compatriota ribereño nacido en el Palacio de La Bouza en el año 1818, Don Antonio Juan
de Bances y Valdés, entre sus muy diversos estudios y trabajos, escribió Noticias históricas del Concejo de Pravia, en donde, aparte de unas interesantes y minuciosas descripciones de la zona, hace múltiples y diversas alusiones al lugar en donde residió Doña Palla y alguno de sus descendientes, detallando incluso algunos sepulcros, escudos, etc. relativos a su familia, además de haberse encontrado y relacionado algunos utensilios domésticos, armas y monedas de diferentes épocas, aunque actualmente queden pocos restos y muy malogrados, por excavaciones descontroladas y por furtivos buscadores de objetos que le pudieran proporcionar algún beneficio, ignorando que podían tener más valor histórico que económico, en parte justificado, dado el negligente y secular abandono y olvido a que estuvo sometido durante años, solamente rodeado de imprecisas y olvidadas ficciones. Sobre los más recientes ayalgueros de estos
parajes, hay una clara e interesante reseña en una de las últimas publicaciones de El Trichorio. de 20 Enero-2012.
Modestamente, solo como ribereño y a título de satisfacer mi curiosidad sobre algunos cuentos oídos en mi niñez, he intentado recopilar algunos retales de historias más o menos fidedignas que habían llegado a mi conocimiento, aparte de consultar y entresacar datos de diversos escritos, documentos y artículos (tengan o no confirmación histórica), hasta llegar a situarlos y acomodarlos lo más cerca posible de las circunstancias y posición histórica de Doña Palla, ya que al haber sido señora, dueña y vecina, de estas tierras, no solo le dio nombre, fama y prestigio a donde tuvo su palacio, sino que además fue la iniciadora de una estirpe que llevó honrosamente su sobrenombre hasta que por posteriores matrimonios y uniones con otras familias, fue quedando relegado por otros apellidos principales.
Quede clara constancia de que no pretendo hacer descubrimiento ni afirmación irrefutable alguna, esperando
más bien al contrario, que estas personales exposiciones puedan suscitar el
interés y participación de otras personas, seguramente más informadas y preparadas, que puedan corregirlas o ampliarlas, ya que mi único y sencillo propósito es el de intentar mostrar, con algo de imaginación, el ambiente que pudo haber en nuestro concejo en la Edad Media y comprender mejor el contexto en el que se desarrolló la vida de Doña Palla, para lo cual y a falta de mayores detalles, conviene contemplar brevemente algo sobre quienes, cuando y como ocuparon estas tierras en anteriores etapas históricas y su poster00ior influencia en el carácter y cualidad de los autóctonos.
LA
PREHISTORIA
En el periodo del paleolítico superior, hace algo más de 10.000 años, cuando ya estaba prácticamente
terminándose la última glaciación y se estaban suavizando las
temperaturas, algunos grupos nómadas del homo sapiens llegaron
a establecerse por estos lugares, albergándose en grutas y cavernas, como la cercana y famosa cueva de San Román de Candamo, en cuyas paredes interiores dejaron claro testimonio gráfico de su viablemente larga estancia. En
estos habitáculos solían tener áreas diferenciadas, bien para mantener el fuego, desollar animales o elaborar arcos, flechas, cajas y cuchillos con madera, huesos y piedra pulida, empleando también cráneos, cuernos y vasijas de barro para los alimentos.
También curtían pieles para abrigarse y trenzaban hojas y ramas, para no dormir
directamente sobre el húmedo y frío suelo.
Estos pequeños componentes familiares, no solían exceder de unas 15 o 20 personas y aunque posiblemente su lenguaje
aún fuera bastante limitado, con oraciones cortas y abundancia de gestos y gruñidos, la máxima autoridad indiscutiblemente era la del macho más fuerte y más hábil, quien además tenía la prioridad de elegir la mejor parte del alimento,
las hembras para copular y tomar la decisión de rechazar a cualquier miembro
del grupo.
Posteriormente y sobre todo en las épocas estivales, se fueron mudando a zonas más bajas cerca
de manantiales, ríos y arbolado abundante, formando unos primarios poblados de
pequeñas chozas de forma circular, con una parte baja de piedras, huesos
y madera, rodeados de empalizadas para protegerse de los animales
peligrosos, puesto que había abundancia de osos, corzos y jabalíes, que eran
cazados generalmente en pequeños grupos, empleando toscas lanzas, hondas,
boleadoras, arcos con flechas y que además de pescar peces con palos afilados y redes hechas con juncos trenzados, ya sabían mantener elementales cultivos de
cereales y plantas nutritivas además de tener pequeños corrales para ovejas y cabras y así disponer de carne, leche y lana, con lo cual, si bien su alimentación era limitada, les
proporcionaba la energía suficiente para sobrevivir en un ambiente aún bastante agresivo y en donde su edad de supervivencia, no solía superar los 25- 30 años.
Hasta el siglo IX a.c. , no se sabe mucho más de esos habitantes, solo que en este tiempo hubo diversos desembarcos por casi toda la zona Norte de gentes extranjeras, principalmente
de Bretaña e Irlanda, quienes ejercieron bastante influencia sobre las gentes de estos lugares, formándose clanes de celtas de origen indoeuropeo, decididamente sedentarios y agrupados en castros con pequeñas construcciones de piedra, situados en promontorios próximos a donde hubiera agua y caza y poder producir cultivos. A partir el siglo IV a.C. esta zona la lo ocuparon los ligures y parece ser que, con la unión y mezcla de estas etnias, se formaron los primeros asturianos.
LOS ROMANOS.
Cuando a principios de nuestra era, prácticamente toda Hispania ya era romana y ocuparon parte de la astura transmontana, encontraron ya establecidas algunas familias y tribus de paésicos o pésigos, esencialmente
agrupados entre el Navia y el Nalón, además de los
lugones al otro lado del Nalón hasta el Sella y los valdenienses en la zona de los picos de Europa.
Entre el Eo y el Navia, lo habitaban los Galaicos y concretamente en el castro de Coaña los albiones. Los
pésigos, fueron pequeñas tribus de transmontanos de origen
celtibérico algo dispersadas, formadas por gentes pacíficas y sencillas, fundamentalmente dedicadas al pastoreo y a la caza, laborando la tierra con un sistema primario, escasas herramientas de madera endurecida al fuego y muy poco conocimiento de las mejores épocas de siembra o recolección de los pocos productos que cultivaban.
Realmente, los romanos( al menos en esta zona), no realizaron una invasión militar si no que más bien fue una ocupación provechosa para beneficiarse de los recursos naturales que se encontraron, haciendo de Flavium
Avia (Pravia) un importante y estratégico enclave comercial con unas buenas comunicaciones terrestres por el Camino Real que venía de La Cabruñana
pasando por Cornellana y seguía después cerca de la costa, disponiendo de
un almacén de sal o alfolí y un buen embarcadero para la exportación del oro, del oro y otros minerales que sacaban de las minas, puesto que el río Nalón en aquellos tiempos tenía mucha más anchura y calado y era prácticamente navegable hasta el entronque del Narcea, pero primordialmente se dedicaron a explotar los yacimientos de oro, cobre, hierro y otros metales que había por las cercanas minas, al tiempo que enseñaron nuevos tipos de labranza con la aportación de técnicas, ideas y diferentes aperos, como la azada, la hoz, la guadaña y sobre
todo, el arado con la reja de hierro, al que posteriormente se le fue adaptando el tiro con animal herrado.
Enseñaron como conservar carnes y pescados por medio
de la salazón y establecieron el
ordenamiento de las épocas de laboreo, siembra y recolección, guardando las cosechas para protegerlos de la humedad
y los roedores en construcciones elevadas de madera que posteriormente se convertirían en
hórreos (granarium sublima). Normalmente eran apasionados bebedores de vino y ya en estos tiempos se empezaron a elaborar las barricas o cubas en madera de castaño,
haya o fresno para conservarlo mejor, sustituyendo a las antiguas ánforas de barro, mucho más frágiles y de menor capacidad para el transporte, al tiempo que se fueron aficionando al consumo de la sidra (sicera), bebida ya disfrutada por los celtas,
impulsando con ello la plantación de manzanos.
Aunque protegieron e hicieron uso del caballo asturcón, tanto para sus desplazamientos como para las labores del campo, los romanos habían ido marginando a pastores y ganaderos por el temor a que sus animales destruyeran las cosechas, por lo cual algunos de estos se fueron separando de los pequeños núcleos rurales, cobijándose en valles y cumbres bastante alejadas y aislándose prácticamente de cualquier relación con el resto de la comarca, estando incluso buscados para reclamarles
contribuciones y tributos, siendo posiblemente unos precursores de los
vaqueiros de alzada.
Durante algo más de cinco siglos, los romanos construyeron muros, calzadas y puentes,
como las que quedan en Bances y los Cabos, en donde también se encontró una estela o el
puente de Agones, además de fortalezas y guarniciones con la piedra de las
diversas y próximas canteras, empleando mano de obra de esclavos o de rebeldes que no se adaptaban
a sus proyectos. Levantaron atalayas y torres vigías en puntos estratégicos y dominantes para el control y vigilancia costera, casi siempre realizadas sobre restos de antiguos castros celtas, como en lo alto del Mirabeche y
en la orilla derecha de la desembocadura del Nalón, donde posteriormente seria
construido el denominado Castillo de San Martín o de las
Arenas. Algunos potentados y familias de patricios, (clase privilegiada,
superior a los plebeyos) construyeron diversas villas, residencias y
mansiones en Ponte, Riberas, Muros, Santianes, como la de la Magdalena de la Llera, etc., de todo lo cual prácticamente no queda
resto alguno.
Introdujeron el cristianismo, religión que habían adoptado como oficial en el año 380, e implantaron el latín, que en Asturias fue asimilándose muy lentamente puesto que por las zonas rurales se hablaba un dialecto asturleonés, posiblemente de origen celta, que era transmitido de padres a hijos como lengua propia. No se puede negar la gran ascendiente que tuvo la cultura romana en
la sociedad hispana y muchas de sus mejores cualidades y costumbres aún perduran, como el Derecho Romano, la filosofía, el arte, etc., como también fue importante el uso y circulación de monedas que inicialmente se emplearon para el pago de impuestos, soldadas de la tropa, compras de mercancías y otras transacciones importantes.
En el siglo IV heterogéneos grupos germánicos de suevos, alanos y vándalos, que ya habían ido acuciando a los romanos por Europa, penetraron en Hispania desmembrado sus rutas y fronteras y ocupando la Lusitania, Galicia y la zona oeste de Asturias.
Con el Imperio muy corrompido, el extenso ejército totalmente indisciplinado y la muerte del emperador Rómulo Augusto, que había perdido toda su autoridad, se produce la caída del Imperio Romano en el año 476, fecha que históricamente es considerada como la entrada en la Edad Media



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