Recuperando amarras del pasado
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Un día de
al pasada primavera y cumpliendo con los consejos médicos de hacer un ejercicio
moderado, iba con mi primo Emilio dando uno de nuestros frecuentes paseos por
el parque del Retiro; al tiempo que lo hacíamos cambiábamos impresiones sobre
la situación actual, los acontecimientos, la evolución tan galopante de la ciencia y otras cosas
parecidas y, a tenor de haber terminado ambos recientemente un cursillo
de iniciación al manejo de los ordenadores para mayores, yo llevaba ya un
de iniciación al manejo de los ordenadores para mayores, yo llevaba ya un
rato alabando la tremenda ayuda que suponía para nosotros tal elemento,
aún solo fuera como mero archivo, puesto que con la edad, la memoria
aún solo fuera como mero archivo, puesto que con la edad, la memoria
producía unas lagunas que eran casi irrecuperables.
Mi primo disentía conmigo al menos en algunos matices y sobre todo me
argumentaba que en el ordenador había que partir premeditadamente de
argumentaba que en el ordenador había que partir premeditadamente de
un dato, una pregunta o una pesquisa determinada, que proporcionaría una
serie de respuestas concretas y luego habrá que ir enlazándolas con otros
serie de respuestas concretas y luego habrá que ir enlazándolas con otros
programas y temas para que finalmente te suministre unos resultados con
una fría exactitud, pero él aseguraba que, aun padeciendo de los alifafes
una fría exactitud, pero él aseguraba que, aun padeciendo de los alifafes
que los años se nos van aparcando en el cuerpo, en el momento menos
esperado, la mente humana, ante una señal, la visión de una persona, de un
esperado, la mente humana, ante una señal, la visión de una persona, de un
objeto o incluso por un olor, puede llegar a traerte instintivamente una
serie encadenada de recuerdos y reminiscencias. Él decía que era, como si
serie encadenada de recuerdos y reminiscencias. Él decía que era, como si
estando en un puerto un día de niebla y en el borde vieras un cabo atado
a una argolla, al empezar a tirar de él lentamente, te puedes encontrar
a una argolla, al empezar a tirar de él lentamente, te puedes encontrar
primero con restos adheridos de algas, lodos y moluscos, pero poco
después vas distinguiendo las incoloras formas de una barca, hasta que
después vas distinguiendo las incoloras formas de una barca, hasta que
finalmente aparece toda ella completa, con su brillante colorido, sus útiles
y aparejos.
y aparejos.
Y parándose un momento, con cierta solemnidad me dijo:
- Pues te voy a contar una cosa parecida, una evocación inesperada,
que me pasó hace poco
que me pasó hace poco
Fue una de esas tardes de invierno en las que no apetecía salir a la
calle, no esperábamos visita alguna y la fuerte lluvia y el cercano
calle, no esperábamos visita alguna y la fuerte lluvia y el cercano
oscurecimiento tampoco invitaban a coger el coche y aún menos a caminar.
Yo acababa de echar una larga cabezada y en el cercano cuarto de estar
Yo acababa de echar una larga cabezada y en el cercano cuarto de estar
veía a Pilar haciendo punto, sin que pareciera prestarle mucha atención
a uno de esos programas, en el que siempre hablan de lo mismo, los
a uno de esos programas, en el que siempre hablan de lo mismo, los
mismos de siempre y, como era mi costumbre desde que me había
jubilado, empecé a repasar los planes de actuación que solía reservar
jubilado, empecé a repasar los planes de actuación que solía reservar
para no estar inactivo, pero no había ningún pequeño electrodoméstico que
arreglar y para colocar fotos en el álbum no tenía hojas de repuesto.
arreglar y para colocar fotos en el álbum no tenía hojas de repuesto.
Tampoco estaba muy inspirado para dibujar y aún era muy temprano para
leer, porque llegaría a cansar la vista. Podría oír música con los auriculares
leer, porque llegaría a cansar la vista. Podría oír música con los auriculares
pero eso me haría seguir sentado demasiado tiempo y estar aislado de la
casa. Otro recurso podría ser el de ordenar archivos y papeles, que de
casa. Otro recurso podría ser el de ordenar archivos y papeles, que de
las cosas que más pereza me producía, pero ya era necesario el
desprenderse de la gran cantidad de recibos, escritos y notificaciones
desprenderse de la gran cantidad de recibos, escritos y notificaciones
bancarias, que habían caducado o prescrito. Siempre que acometía esa
tarea, me acordaba de cuando me ofrecieron a buen precio una
tarea, me acordaba de cuando me ofrecieron a buen precio una
destructora de documentos y no la compré porque entonces me pareció
una chorrada de los despachos norteamericanos, con lo cual, cada vez que
una chorrada de los despachos norteamericanos, con lo cual, cada vez que
tiraba un nuevo documento arrugado a la papelera, se iban acumulando
fuera de ella montones de bolas de papel.
fuera de ella montones de bolas de papel.
Resignado a rematar esa tediosa tarea, me levanté del sillón de orejas,
maldiciendo el dolor de las vértebras cervicales al incorporarme, al
maldiciendo el dolor de las vértebras cervicales al incorporarme, al
tiempo que buscaba una de las zapatillas que siempre parecía escaparse
del pié mientras dormía. En ese momento se escuchaba la cursilona y
del pié mientras dormía. En ese momento se escuchaba la cursilona y
famosa canción de Karina, que reconocí como “ El baúl de los recuerdos”,
e inmediatamente me vino a la mente la visión de una caja, que hacía unos
e inmediatamente me vino a la mente la visión de una caja, que hacía unos
años me había correspondido por la distribución de algunos antiguos
enseres, repartidos entre la familia un poco precipitadamente, pero que
enseres, repartidos entre la familia un poco precipitadamente, pero que
aún a pesar de mis usuales fallos de memoria, me parecía recordar que no
le habíamos echado ni un vistazo cuando la recibimos y creía haberla
le habíamos echado ni un vistazo cuando la recibimos y creía haberla
dejado en lo alto de la librería del estudio, pero no obstante y para
asegurarme del todo, le pregunté a mi mujer si recordaba donde
asegurarme del todo, le pregunté a mi mujer si recordaba donde
habíamos guardado aquella cosa.
Lo primero que hizo fue preguntarme: - ¿Para qué lo quieres ahora?.- y
sin esperar respuesta, afirmó: -Pues tú mismo la dejaste en la parte alta
sin esperar respuesta, afirmó: -Pues tú mismo la dejaste en la parte alta
de la biblioteca. – y al tiempo que ensartaba las agujas en la bola de lana
dejándola en la mesa camilla junto con sus gafas, se levantó murmurando a
dejándola en la mesa camilla junto con sus gafas, se levantó murmurando a
“cuando el diablo no tiene que hacer...”, aunque verdaderamente, además
de su propia curiosidad, con su sentido de la sensatez, lo que quería era
de su propia curiosidad, con su sentido de la sensatez, lo que quería era
evitar que yo intentara subirme a algo y me pudiera dar un mareo por la
postura del cuello.
Se quitó las zapatillas, arrimó a la librería una silla que tenía unas
carpetas encima y apoyándose en mí para subirse, tanteó unos volúmenes
carpetas encima y apoyándose en mí para subirse, tanteó unos volúmenes
de la última balda y me pasó primero un grueso libro de historia del arte
con el canto con bastante polvo y siguió rebuscando detrás hasta que sacó
con el canto con bastante polvo y siguió rebuscando detrás hasta que sacó
un objeto de forma cuadrangular y envuelto en papel de estraza también
sucio. Al bajarse, se calzó las zapatillas, me hizo con la mano un gesto de
sucio. Al bajarse, se calzó las zapatillas, me hizo con la mano un gesto de
calma y cogió un periódico viejo, que extendió sobre mi mesa de trabajo
para dejar el paquete.
para dejar el paquete.
Después de encender la fuerte lámpara, fue deshaciendo delicadamente
los dobleces, hasta que apareció una hermosa cajita de madera, de unas
los dobleces, hasta que apareció una hermosa cajita de madera, de unas
proporciones perfectas y en buen estado de conservación; arrugó con
cuidado el polvoriento papel y lo dejó caer acertadamente en la papelera
cuidado el polvoriento papel y lo dejó caer acertadamente en la papelera
y con un klinex que sacó del bolsillo, frotó suavemente un poco la cajita,
resaltando las vetas de lo que parecía ser madera de cedro barnizada, con
resaltando las vetas de lo que parecía ser madera de cedro barnizada, con
los bordes y cantos muy vivos, sin apenas golpe o raya alguna que se viera
en principio. Tenía un pequeño escudo dorado algo oscurecido, que hacía
en principio. Tenía un pequeño escudo dorado algo oscurecido, que hacía
de bocallave y ante una señal mía de aprobación, ella, como Pandora y casi
con temor, tanteó primero la tapa con los dedos pulgar e índice para ver si
estaba cerrada con llave y al no encontrar resistencia alguna, la levantó
con temor, tanteó primero la tapa con los dedos pulgar e índice para ver si
estaba cerrada con llave y al no encontrar resistencia alguna, la levantó
totalmente.
Un ligero olorcillo a cedro, a papel seco y a una perfumina indefinida
se percibió levemente y lo primero que se veía era un pequeño envoltorio
se percibió levemente y lo primero que se veía era un pequeño envoltorio
de papel de seda, además de un pequeño trozo de vela blanca con una
cinta roja pegada, pero debajo de estas cosas había un sobre algo
cinta roja pegada, pero debajo de estas cosas había un sobre algo
abultado. Mi mujer me miró como haciendo una pregunta, pero ella misma
decidió abrir primero el envoltorio de papel y nos encontramos con una
decidió abrir primero el envoltorio de papel y nos encontramos con una
cadenita rota de oro y dos medallitas de unas imágenes lacadas algo
borrosas. Había también unos recordatorios con bordes negros con
borrosas. Había también unos recordatorios con bordes negros con
reproducciones del Cristo de Limpias, La Piedad y La Dolorosa, junto con
unas cuantas estampas con oraciones y jaculatorias dedicadas a personas,
unas cuantas estampas con oraciones y jaculatorias dedicadas a personas,
cuyos nombres desconocíamos momentáneamente. Dejando todo a un lado,
sacó después un sobre bastante amarillento y debajo quedaba como un
sacó después un sobre bastante amarillento y debajo quedaba como un
cartón grande también envuelto con papel de seda semi transparente,
pero primero abrimos el sobre, que tan solo contenía papeles, el recibo
pero primero abrimos el sobre, que tan solo contenía papeles, el recibo
de una ferretería por la venta de un cerrojo por valor de 38 pesetas y
otro de un notario por la realización de unas copias de escrituras, además
otro de un notario por la realización de unas copias de escrituras, además
de una tarjeta postal de la Avenida de Mayo de Buenos Aires sin nada
escrito por detrás. También había una cuartilla doblada, con una oración a
escrito por detrás. También había una cuartilla doblada, con una oración a
Jesús en la cruz, escrita con una caligrafía inglesa excelente, varios
recortes de periódico con noticias diversas, como la del crac de la bolsa
recortes de periódico con noticias diversas, como la del crac de la bolsa
de Nueva York, la relación de salidas del puerto del Musel del barco
Monte Amboto, un anuncio de baúles Vuiltton, la llegada a Buenos Aires
Monte Amboto, un anuncio de baúles Vuiltton, la llegada a Buenos Aires
del Plus Ultra y una receta sobre la manera de hacer el “brazo de gitano”.
cartón cubierto con papel, tras el cual apareció una antiquísima fotografía
muy dura de contrastes, casi un daguerrotipo, enmarcada y pegada sobre
una cartulina gofrada con relieves formando nudos y en cuya parte
superior, en letras doradas, se leía “ F. E. Puig. Foto. Barcelona, Pelayo 3º.
Principal”. En un principio nos dio la risa, ya que se veía a siete varones,
tres de ellos sentados y los otros de pie y aunque se les notaba que eran
jóvenes, su gesto y la extraña vestimenta les daba un aspecto bastante
serio o afectado y cada uno tenía un número encima, escrito con pluma.
-Pues este de aquí se parece a ti cuando tenías algunos años menos y
hasta el bigote y la forma del pelo es muy semejante. –comentó ella,
señalando al caballero marcado con el número 3 y al fijarme en aquella
figura, ciertamente parecía tener un algo que me recordaba a mí mismo,
años atrás. Estaba de pié y solamente se le veía medio cuerpo, llevando
una camisa blanca, sin apreciarse corbata y pañuelo alguno, una chaqueta
oscura con las solapas ribeteadas y un chaleco cruzado, con un broche y
una cadena, posiblemente de reloj, e igual que otros tres, no llevaba barba
aunque si un bigote no demasiado grueso y los demás, unos bien barbados
y otros con bigote y perilla. Su variada vestimenta parecía de buena
calidad y llevaban corbatas con un nudo grueso y lazos o chalinas, con
chalecos de diferente calidad y pantalones oscuros, claros o a cuadros y
todos calzaban botines. Tres de ellos llevaban bastón de caña, mientras
que otro tenía en su mano una especia de diploma o canuto grueso. Cuatro
miraban fijamente a la cámara y el número 5 había adoptado como un
cierto gesto desafiante y daba la impresión de que esa fotografía, estaba
hecha por algún motivo especial.
Le dimos la vuelta a la foto y había una fecha a pluma “Año 1972” y un
poco más abajo habían escrito “estudiantes de Navia”, con una serie de
poco más abajo habían escrito “estudiantes de Navia”, con una serie de
nombres y sus profesiones, numerados del 1 al 7, y después y escrito a
lápiz dentro de una especia de paréntesis, se leía: Nº 3- 20 años, siendo
lápiz dentro de una especia de paréntesis, se leía: Nº 3- 20 años, siendo
evidente que era motivo de especial atención para alguien concreto, por lo
que nuestra curiosidad se dirigió hacia el señalado con ese número y que
que nuestra curiosidad se dirigió hacia el señalado con ese número y que
ponía: Benigno Rodríguez.- Arquitecto.
- ¡Caray, que casualidad… es mi abuelo ¡ - dije sorprendido, dándole la
vuelta a esa foto que tenía más de 130 años, para observarla algo más
vuelta a esa foto que tenía más de 130 años, para observarla algo más
detenidamente. Mientras me encontraba meditando, mi mujer la tomó de
nuevo y empezó a leer los nombres, entre los que, además de mi abuelo
nuevo y empezó a leer los nombres, entre los que, además de mi abuelo
como arquitecto, figuraba un abogado, dos médicos, un magistrado, un
farmacéutico y un ingeniero, alguno de cuyos apellidos me sonaban a
farmacéutico y un ingeniero, alguno de cuyos apellidos me sonaban a
conocidos
.- Pues debían de ser la flor y nata de Navia en aquellos tiempos. –
comentó ella mientras volvía a mirar la fotografía.- y quizás sería hecha
comentó ella mientras volvía a mirar la fotografía.- y quizás sería hecha
en alguna fiesta en la que coincidieran todos y se pusieran de tiros
largos., pero parece bastante lógico que este listado, debió ser hecho
algún tiempo después de cuando se hizo la foto, puesto que como abajo se
largos., pero parece bastante lógico que este listado, debió ser hecho
algún tiempo después de cuando se hizo la foto, puesto que como abajo se
señala que tu abuelo tenía entonces 20 años, no podía haber terminado la
carrera con esa edad.
carrera con esa edad.
Yo no había conocido a mi abuelo paterno, al que familiarmente todos
llamaban “papa Benigno”, pero sabía que había proyectado el Casino y
llamaban “papa Benigno”, pero sabía que había proyectado el Casino y
algunas casas junto a la calle Regueral y también había visto alguna
fotografía de mayor con un aspecto muy distinto, manteniendo en mi
fotografía de mayor con un aspecto muy distinto, manteniendo en mi
mente unas fotografías en forma ovalada, en el que figuraban mis abuelos
Benigno y Carmen ya en edad avanzada, con sus trece hijos, aunque yo
Benigno y Carmen ya en edad avanzada, con sus trece hijos, aunque yo
no recordaba más que a diez y que casi todos, incluido mi padre, habían
viajado por América y fueron grandes apasionados de Navia.
viajado por América y fueron grandes apasionados de Navia.
Navia, ya desde mi niñez, también había sido para nosotros un lugar
inolvidable de aventuras y aprendizajes, aunque me agobiara bastante el
inolvidable de aventuras y aprendizajes, aunque me agobiara bastante el
repetido encuentro con la numerosa familia, todos muy cariñosos pero
también muy besucones… y de pronto, mi imaginación se trasladó a una
también muy besucones… y de pronto, mi imaginación se trasladó a una
velocidad increíble a aquellos años 40 de la posguerra en Navia en los que,
a pesar de la triste situación ambiental, nunca llegamos a ser conscientes
a pesar de la triste situación ambiental, nunca llegamos a ser conscientes
de la falta de lo que no conocíamos ni de lo que no necesitábamos. Siempre
en compañía de mi hermano Juanjo, que al tener cuatro años más que yo,
en compañía de mi hermano Juanjo, que al tener cuatro años más que yo,
hacía de protector e instigador, gozando de un alto grado de libertad de
actuación y movimiento, aparte de conocer un abanico de lugares de gran
actuación y movimiento, aparte de conocer un abanico de lugares de gran
interés para nosotros, y que en comparación con Gijón, en donde vivíamos
habitualmente, nos parecían ilimitados.
habitualmente, nos parecían ilimitados.
En aquellos tiempos yo ya poseía un desarrollado sentido del olfato y la
variedad de los olores que me encontraba en cada sitio, solía asociarlos
variedad de los olores que me encontraba en cada sitio, solía asociarlos
con su sonido ambiental; en Gijón y sobre todo en el puerto, solía dominar
principalmente un olor a humedad, gas, humo, galipote y pescado, además
principalmente un olor a humedad, gas, humo, galipote y pescado, además
de los chirridos de los tranvías y los bocinazos de los coches, pero de
Navia, lo que más intensamente recuerdo es el delicioso aroma del café y
Navia, lo que más intensamente recuerdo es el delicioso aroma del café y
el silbido del vapor de la cafetera al calentar la leche como parte
prioritaria del ambiente del café Martínez, junto con el continuo rumor
prioritaria del ambiente del café Martínez, junto con el continuo rumor
de las conversaciones, las fichas de dominó, todo ello acompañado siempre
del denso humo de tabaco. En el patio trasero nos pasábamos grandes
del denso humo de tabaco. En el patio trasero nos pasábamos grandes
ratos viendo como rellenaban las gaseosas Chis-Pún con oloroso jarabe
de naranja.
de naranja.
El Taller Mecánico Martínez, era otro de los sitios atrayentes para los
dos y allí, los primos Polín y Antón, siempre llenos de grasa y con un trozo
dos y allí, los primos Polín y Antón, siempre llenos de grasa y con un trozo
de Cotton en el bolsillo de atrás, nos instruían como si fuéramos
entendidos e importantes, acerca de los motores de camión, las bielas y
entendidos e importantes, acerca de los motores de camión, las bielas y
carburadores o el rectificado de cilindros, entre una continua mezcla de
martillazos, tornos, motores, voces y un denso olor a grasa, gasolina y
motor caliente flotando sobre aquella gran nave, por donde deambulaba
martillazos, tornos, motores, voces y un denso olor a grasa, gasolina y
motor caliente flotando sobre aquella gran nave, por donde deambulaba
Venancín, bien limpio y trajeado, con papeles y facturas en la mano,
generalmente con prisa y reclamando partes de trabajo, pero siempre
generalmente con prisa y reclamando partes de trabajo, pero siempre
dedicándonos a tiempo una sonrisa cariñosa. Ellos entendían que aquello
podría ser para nosotros algo formativo y educativo, ya que en aquellos
tiempos las enseñanzas de los colegios estaban más preocupadas por lo
podría ser para nosotros algo formativo y educativo, ya que en aquellos
tiempos las enseñanzas de los colegios estaban más preocupadas por lo
que no se podía hacer.
La relojería del bueno de Juan, quizás el primo más apreciado, tenía un
olor peculiar procedente del aceite de los relojes y de la baquelita de las
olor peculiar procedente del aceite de los relojes y de la baquelita de las
gafas, hermanado con el multiplicado e incesante sonido de docenas de
péndulos y sonerías. El y Florinda, también nos dedicaron paciencia y
péndulos y sonerías. El y Florinda, también nos dedicaron paciencia y
cariño, ante nuestras constantes preguntas y ganas de enredar por el
local.
local.
Había una tienda que llamábamos “del Tío David”, (que años más tarde
supimos que no era tío nuestro) pero que era un establecimiento que nos
supimos que no era tío nuestro) pero que era un establecimiento que nos
recordaba a esos colmados de las películas del Oeste, en los que había de
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puerta de entrada. En su interior se mezclaban los olores del apresto de
las telas nuevas y los del esparto, lonas, granos y duces. Este señor, de
una gran bondad y paciencia, nos llevaba de vez en cuando río arriba en su
una gran bondad y paciencia, nos llevaba de vez en cuando río arriba en su
motora por unos paisajes de ensueño, donde los verdes prados penetraban
dócilmente en el agua y las truchas y muiles saltaban de vez en cuando en
dócilmente en el agua y las truchas y muiles saltaban de vez en cuando en
nuestro entorno, con el continuo tap-tap del motor y el suave cortar de la
proa, disfrutando del olor del agua y el aire limpio, con ramalazos de la
proa, disfrutando del olor del agua y el aire limpio, con ramalazos de la
gasolina quemada,
Otro de los sitios preferidos era el puerto, aunque más pequeño que el
de Gijón pero mucho más acogedor y también allí estaba mezclado el
fuerte olor del mar, las algas, la pintura, el pescado, el carbón y la
de Gijón pero mucho más acogedor y también allí estaba mezclado el
fuerte olor del mar, las algas, la pintura, el pescado, el carbón y la
madera, con el ambiente sonoro de las máquinas, carretillas, grúas y
voces, el chirriar de las amarras y el continuo graznar de las gaviotas.
voces, el chirriar de las amarras y el continuo graznar de las gaviotas.
Gracias a la insistencia de mi hermano, que conocía a uno de los marineros,
si el Recalde no estaba cargando o descargando algo, nos dejaban pasar y
si el Recalde no estaba cargando o descargando algo, nos dejaban pasar y
recorrer aquel, para nosotros, colosal barco, que siempre desprendía
tufillos de carbón, minio, grasa y potaje de garbanzos con pescado, y que
aun atracado en puerto, los leves movimientos que producían las aguas
tufillos de carbón, minio, grasa y potaje de garbanzos con pescado, y que
aun atracado en puerto, los leves movimientos que producían las aguas
producían un continuo rechinar de planchas, cuadernas y ligazones, junto
con la vibración de la tensión de las amarras.
con la vibración de la tensión de las amarras.
Después de curiosear entre los carpinteros de ribera, los que
remendaban redes, pintaban cascos o quienes reponían los toletes y
remendaban redes, pintaban cascos o quienes reponían los toletes y
estrobos, solíamos acabar la tarde metidos en los castilletes de tablones
de madera entrecruzada que estaban en los secaderos a la espera de ser
de madera entrecruzada que estaban en los secaderos a la espera de ser
embarcados y allí, escondidos junto con algunos amigos que echaban sus
primeros pitillos, charlábamos de nuestras
cosas,de nuestros
descubrimientos y de los misterios que nos iba mostrando la vida,
descubrimientos y de los misterios que nos iba mostrando la vida,
hablando en voz baja, entre el silbidos del viento a través de las ranuras,
el olor del mar y del sangrante pino fresco, que combatía con el apestoso
el olor del mar y del sangrante pino fresco, que combatía con el apestoso
cigarrillo y con algún que otro pedo soltado entre carcajadas.
Cuando estaba con estos pensamientos, Carmen, ya acostumbrada a
mis evasiones mentales, me recuperó moviéndome el brazo suavemente: -
mis evasiones mentales, me recuperó moviéndome el brazo suavemente: -
¿ Qué te parece si volvemos a dejarlo en donde estaba y así cuando
vuelvas a mirarlo dentro de un tiempo, quizás pueda seguir trayéndote
nuevos recuerdos.- Yo, asentí con la cabeza y mientras recogía y
nuevos recuerdos.- Yo, asentí con la cabeza y mientras recogía y
guardaba pausadamente todas las cosas, se iban aflojando las dulces
amarras de mis recuerdos, que volverían a quedar en el misterio del
amarras de mis recuerdos, que volverían a quedar en el misterio del
espacio y del tiempo... Los ALSA parando en el café Martínez, el tío
Venancio con su pequeño Renault, la fábrica de harina, la Gira del Cubo,
Venancio con su pequeño Renault, la fábrica de harina, la Gira del Cubo,
Los Quirotelvos, los voladores, las empanadas, la venera y los maragatos…
y doy gracias a que mi memoria, aún no demasiada deteriorada, me
y doy gracias a que mi memoria, aún no demasiada deteriorada, me
permite recordar una época tan satisfactoria, que posiblemente hubiera
envidiado hasta el mismo Tom Sawyer.
envidiado hasta el mismo Tom Sawyer.
Entonces, se paró y mirándome directamente a los ojos, dijo: -Por
eso te digo, querido primo, que no hay todavía un ordenador que pueda
eso te digo, querido primo, que no hay todavía un ordenador que pueda
encadenar y relacionar las vivencias y sus circunstancias, de una manera
tan realista y compleja, como lo hace el cerebro humano.-. y me hizo un
tan realista y compleja, como lo hace el cerebro humano.-. y me hizo un
gesto como de satisfacción y triunfo, pero aunque me dejó admirado con
sus descripciones, nombres y situaciones, no estaba muy seguro de que su
sus descripciones, nombres y situaciones, no estaba muy seguro de que su
historia fuera verdadera y más bien me pareció que hizo un alarde de
fantasía.
fantasía.
Dispuesto a discutirle sus argumentos, seguimos caminando y gozando
del olor de las flores, del sol y las sombras entre los árboles, con sus
del olor de las flores, del sol y las sombras entre los árboles, con sus
cambios de temperatura, acompañados por el bullicioso reclamo de los
pájaros.
pájaros.
CARLOS RODRIGUEZ-NAVIA.
Junio 2002.

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