Las coletas de Uma
Capítulo tercero
- Oye, Lu, ¿no
vais a salir hoy?
- Pues no. Manu tiene que estudiar y sabes que cuando se pone…se pone.
- Ya, pero coño, un rato. Pa despejar.
- Pues mira, se lo
dices tú a él. Igual te hace más caso.
- No, no, paso. Tampoco
quiero presionar.
- Ya, presionar. Y si dice que sí….¿quieres que avisemos a alguien más?
- No no. Bueno….si eso…igual el borde ese puede ir, ¿no?
- El borde. ¿Te refieres a su primo? ¿A Santi?
- Sí, claro.
- Lo de borde….¿te pone o qué?
- ¡Eres imbécil!
- Lo que tú quieras, pero tengo razón.
- Bueno, sí, la tienes. ¿Y qué?
- Pues nada, pero que ten cuidado, si lo sigues tratando así igual lo espantas.
- Pues ¡qué le den!
- Claro, claro. Qué le den. ¿A él….o a ti? Porque me da la sensación de que es a ti a quien quieres que le den.
Se conocían tanto
que Lucía ya sabía lo que pasaba por la cabeza de Uma, y ésta era
consciente de que la primera lo sabía. Las cartas encima de la mesa.
Al final pidieron otra cerveza y le mandaron un audio a Manu para
ver si quería salir por la tarde.
Santi,
tío,¿ que si te apetece salir a tomar algo luego?
La amiga de Lu
está empeñada en que vengas. ¿La conoces?
Sí, la vi el
otro día en la playa, pero no supe hasta hoy por la mañana que era
ella. Me la presentó Lu en la tienda.
Pues eso. ¿Les decimos que sí y tomamos algo?
¡Vale! También te digo; es muy mona pero borde un rato.
No, no lo es. Es sólo que le gustas. Si se ha puesto borde contigo es por eso. Es su mecanismo de defensa.
Pues nada, quedaremos con la borde. ¿Uma se llama?
Sí, Uma.
- Hala, ya está.
Quedamos a las ocho y bajamos a Pontevedra a tomar algo. ¿Te parece
bien o desea alguna cosa más la
mierdalaniña?
-
No, no, perfecto.
Era verdad que Uma
recelaba de los tíos (inmaduros a esas edades) y no quería nada
serio con ellos, por eso esa actitud cuando alguno le gustaba.
Tomar
algo, pasar un buen rato de risas y, si ambos querían, acabar en el
coche o en la playa follando.
- Eres muy simple –le espetaba Lu
cada poco-.
- Y tú muy complicada. Ya me lo dirás cuando estés buscando nombre para el bebé.
Manu, tío. ¿Llevo
condones?
Eran
las once de la mañana y la música que sonaba en aquel coche era la
que quería la mujer que iba de copiloto. Abba en concreto. La madre
de Lucía era muy fan del grupo y el copiloto “pone la música”.
El padre –Juan- había trabajado de noche y al llegar a casa
durmió sus cinco horas para luego llevar a la familia a pasar el fin
de semana A Santiago de Compostela. Era uno de esos fines de semana
que se podían permitir de vez en cuando.
Conducía su Peugeot
casi nuevo y el viaje era relativamente corto y entretenido. Los
niños atrás, debatiendo sobre un libro que querían leer ambos y la
madre tarareando las canciones que sonaban.
Él, Juan, pensando
en un sitio para comer cuando llegaran. No era la primera vez que
iban así que dudaba entre dos de los que le gustaban. En realidad no
dudaba. Tenía claro cual prefería, pero para ir con dos niños de
ocho y diez años era mejor el otro.
Cinco minutos después
la vida les había cambiado por completo. El panorama era aterrador;
el coche volcado fuera de la carretera, saliendo humo de no se sabe
muy dónde y cuatro cuerpos dentro. Sangre por todos lados. Gritos.
Movimientos incontrolados de cuerpos que querían escapar de aquel
amasijo de hierros.
Los niños ya empezaban a salir por las
ventanillas traseras que habían quedado sin cristales. A David le
costaba más trabajo por la pierna que, luego lo supo, tenía rota.
Lucía era más ágil y ya estaba en el lado de su hermano
ayudándolo. Juan se peleaba con el cinturón mientras intentaba que
su mujer
-Arancha- hiciera lo
mismo. Pero no había respuesta. Gritos y más gritos y un cuerpo que
parecía inmóvil.
Cuando pudo deshacerse del puto cinturón no
salió; se abalanzó sobre su mujer y trató te sacarla de allí como
fuera. No era consciente de que hacerlo por el lado del conductor era
muy complicado, y de que era mucho más fácil y coherente salir y
hacerlo por su puerta.
Al final de esos cinco minutos el
resultado era desolador. Dos niños llorando de miedo, uno de ellos
con una pierna rota, una madre muerta apoyada contra el coche y el
padre con la mirada perdida abrazando ese cuerpo inerte.
Nada
volvería a ser igual.
- Papá: ¿por
qué no frenaste aquel día?
Quedaron
a las nueve para ir juntos a Pontevedra. A Uma no le hacía gracia lo
de ir todos en un coche pero era tontería. Y más teniendo en cuenta
que iban a pasarlo bien y beber. Así que mejor que hubiera un solo
conductor. Los demás no tendrían que andar tomando zumos o agua.
- Pero llevo yo el coche.
- Vaaale. Lo que tú digas.
- Así, si me canso de vosotros podré irme sin tener que pagar un taxi.
- De eso nada. Aquí vamos juntos y venimos juntos. Siempre ha sido así y no veo porque tenga que cambiar.
Sus casas estaban a
menos de cien metros una de la otra, así que quedaron de picarle
cuando llegaran para marchar.
Y allí se presentaron. Su amiga,
Lu, Manu y su primo. La verdad es parecía haberse esforzado para
agradar. Al menos a la vista. Y se comportaba de manera muy diferente
al día de la playa. No era tan borde ni tan picotero. Era como si
alguien le hubiera leído la cartilla.
Las dos amigas se
sentaron en la parte delantera del coche y ellos atrás. Pusieron
música a tope y así no daba lugar a mucha conversación trivial.
El chico era mono. Bastante mono. De vez en cuando le echaba una
mirada furtiva por el retrovisor y la sensación que tenía era que
debería darle una oportunidad. Quizás aquel día en la playa había
sido demasiado cortante.
Bajó la música y preguntó:
- ¿Qué te apetece tomar?
- Coño….no sé. Aún no hemos llegado, ¿no?
- Ya, pero depende de
si quieres vino o cerveza o picar algo iremos a un sitio u otro.
-
Ah, pues no sé. Me da un poco igual. Cualquier cosa estará bien.
-
Pues ya ves a mí. Agua van a tener en todos los bares.
- Yo quiero picar algo de pulpo y calamares y tomar cerveza. Me apetece –dijo Manu-.
- ¿Te he preguntado yo a ti?
- Joder….¡no! Perdóname la vida. No me extraña que no te aguante nadie.
- ¡Eres imbécil! Pero te quiero igual.
- Me parece buen plan. Si mi primo dice que tapear y cerveza…..estará bien.
- Pa quedar con una chica ¿también sigues las indicaciones de tu primo?
- ¡Halaaaaaaa! (Lucía).
. No, eso es cosa mía. De hecho, hoy tengo una cita con una chica y ha sido cosa mía.
- ¿Ah sí? ¿Y ella lo sabe?
- No, luego se lo diré.
- Genial. ¿Y traes condones?
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