Las coletas de Uma, capítulo cuarto
IV
El grupo era
peculiar. Una pareja consolidada, si es que a esas edades se puede
decir eso, y un par de jóvenes que se atraían pero a los que les
parecía una derrota reconocerlo. En realidad, a Uma más que a
Santi.
La noche fue entrando entre cervezas y un par de sitios
donde forraban con alguna tapa. Conversaciones entretenidas y lo
suficientemente triviales como para un sábado veraniego.
Manu y
Lu empezaron a olvidarse del mundo y dedicarse caricias y besos,
mientras los otros dos seguían con sus puyas y una tensión en el
ambiente que ya se palpaba. Tensión
sexual no resuelta lo
llamaba ella.
La parejita fue la primera que insinuó lo de ir marchando.
- Es tarde y mañana debería estudiar.
- Ya, tú lo que quieres es quedarte a solas con tu chica –dijo Santi-.
- Eso mismo pienso yo. Siempre me hacen lo mismo.
- Bueno, sí. ¿Algún problema?
- No, ninguno, pero ya dije yo que era mejor traer dos coches, por si alguno empezaba a tener “necesidades”.
Fue Lucía la que sentenció.
- ¿Nos llevas o pedimos un taxi? Porque igual es lo que quieres. Que me da la sensación de que no soy la única que tiene ganas de fiesta.
- Venga, vamos. Que tanta agua me hace pensar mal.
Eran las dos y cuarto
de la madrugada y enfilaron rumbo a Raxó. Esta vez los dos
enamorados pasaron a los asientos de atrás. Los apenas catorce
kilómetros se hicieron eternos para Uma y Santi. Ni la música podía
atenuar el ambiente que se vivía en aquel coche. Y ambos estaban
pensando lo mismo.
Cuando lleguemos….¿qué? ¿Hasta mañana?
¿Tomamos la última? ¿Subes a mi casa?
- Déjanos en tu casa. Guarda el coche y vamos caminando, no te preocupes.
Y así lo hicieron. Se despidieron los tres de Uma y ésta se metió en su casa.
Pensé que ibas a invitarme a subir.
Pensé que ibas a pedírmelo.
Pues vaya dos.
Pues sí.
Pues nada, a dormir.
O no.
- Lu, el primo de Manu ¿tiene novia?
- Que yo sepa, no. ¿Por?
- No, no, por nada.
- Mira David…..somos hermanos. Tú nunca preguntas algo por nada.
- ¿Has visto qué culo tiene?
- Pues no. Bueno….sí, pero vamos….que no me he fijado mucho.
- Ya; mucho no, pero sí ¿eh?
- Eres un cabrón, ¿lo sabes?
- Lo que tú quieras, pero piensas como yo.
- Lo que sí puedo decirte es que le gustan las tías. Anoche salió con nosotros y con Uma y no acabaron follando porque sólo llevamos un coche.
- Bueno, eso ya se verá. ¿Va a estar mucho tiempo por aquí?
- Creo que diez días o así.
- Bien. Está bien saberlo.
David era bastante lanzado. Lanzado no quiere decir promiscuo, quiere decir que le echaba narices y que no se cortaba cuando un chico le gustaba o le atraía.
- No es lo mismo.
- ¿El qué?
- Gustar que atraer. Si alguien me gusta estoy pensando en él para tener una relación. Que, además, tiene que atraerme. Pero si solamente es atracción, lo que quiero es follármelo. No estoy pensando en casarme con él.
- Chico, tus tesis me fascinan.
- Bueno, te fascinan porque tú le das más vueltas a todo. Y así te va.
- ¿Perdonaaaa? ¿Así me va? ¿Me va mal?
- No, mal no, pero lo único que haces es tirarte a mi hermana cuando toca.
- ¿Y eso está mal?
- No, mal no, pero es aburrido y en cuatro días te cansarás de ella. O ella de ti. Que por la tienda pasa mucho chico joven.
- ¿Y qué? Ella me quiere.
- Ya, ya lo sé. Porque no conoce más.
Ese era David. Claro, directo y hasta cortante. Los que lo conocían sabían que no se cortaba ante nada, y que no era políticamente correcto. Pero si necesitabas algo, era la persona indicada. No te iba a fallar.
Hermanita; te apuesto lo que quieras a que éste, antes de que marche, cae.
En esa época del
año, cuando el sol aparecía, los días eran espectaculares en la
zona. El mar. la ría, las casitas de colores, las sillas de madera
de los bares del puerto, la mezcla entre la gente habitual y los
turistas….la suma de todo hacía que el sitio mereciera mucho la
pena.
Era martes y había amanecido uno de esos días. Las chicas trabajaban de mañana en el súper, Manu estaba estudiando en casa y David arreglando una moto de un amigo.
Santi había salido y no había vuelto a casa aún. En condiciones normales no sería una sorpresa. Si había alguien capaz de salir y no saber cuando volver, ese era él. Pero había salido un lunes, y en realidad no era una cita. Había salido a las cinco de la tarde a dar una vuelta en bici. No iba a andar en bici –no iba deportivo ni llevaba el casco- pero la había cogido para dar una vuelta.
Su plan inicial no
era salir, beber, conocer a una chica y no tener prisa. No.
Y por
eso, a media mañana, Manu empezó a preocuparse.
Sabes algo de Santi?
No. Por?
No ha venido a dormir.
Bueno, no es la primera vez.
Ya, pero ayer no salió de fiesta, salió con la bici.
Como si eso fuera un problema para él.
Bueno, me parece raro. Además no me contesta al wassap.
No te agobies anda. Es Santi, recuerda. Y está de vacaciones.
Oye….no habrá pasado la noche con Uma y estará en su casa, no?
No. Uma está trabajando.
Ya, pero bueno, que igual se ha quedado a dormir allí.
Que no, que no. Me lo habría dicho.
Ya. Bueno. Y si le preguntas? Por quedarnos tranquilos, vaya.
- No, para nada. No supe más de él desde ayer al mediodía.
- Es que éste está preocupado y yo no lo estaba pero, coño, todo se pega.
- Pero escucha; es Santi. Parece que no lo conocéis.
- Ya, tienes razón.
- Deja que pase la mañana, y cuando salgamos le damos un toque y vemos dónde anda. Pero tranquiliza, porfa.
A pesar de las recomendaciones, Lu se pasó la mañana con la cabeza en otro sitio y sin dejar de mirar el móvil. La sensación iba y venía. A veces pensaba que era normal, que era Santi, que lo sensato era pensar que había “pillado” y estaba en alguna cama ajena. Aún. Pero a veces pensaba que no, que había salido muy temprano, y en bici, y sin pituquear (siempre pensó que no existía esa palabra). Y eso último, para él, era muy importante. Si no se preparaba para salir….no salía.
Lo que quedaba hasta las dos y media se hizo eterno.
- Bueno, ¿qué hacemos?
- ¿Le has llamado otra vez?
- Sí, ahora mientras me cambiaba.
- Vamos a dar una vuelta por aquí, ¿te parece?
- Venga, vamos.
Pontevedra no era tan grande, y aunque no sabían lo que buscaban concretamente se sentían útiles. En realidad confiaban en verlo en alguna terraza tomando algo de doblete y poder bajarse y darle una bofetada por tenerlos intranquilos.
- Se ha quedado sin batería, seguro.
- ¡Hay que ser gilipollas!
- Bueno, tampoco te pongas así. Es adulto y está de vacaciones. Y viene aquí, entre otras cosas, para no dar explicaciones en casa.
- Ya, pero está en una casa que no es la suya, y Manu, creo, tiene derecho a preocuparse, así que él tiene la obligación de no preocuparlo.
- ¡ Ehhhh! ¿Aquella no es la bici?
Y allí estaba. Apoyada en una barandilla con el candado puesto.
- Mándale una foto a Manu para confirmar, porfa.
Sí, sí. Es mi bici. Dónde está?
Amarrada a una barandilla de la ría. Enfrente del bar ese que abrieron el mes pasado. La Bodega se llama?
- Pues ahora calma. La bici está bien y en sitio razonable.
- ¿Qué es un sitio razonable para ti?
- Pues un sitio donde se puede dejar una bici si te sale algún plan mejor. Estará en alguna cama de estos edificios pasándolo mejor que tú y que yo. Seguro.
- Eres muy bruta.
-
No, Lu. No soy bruta, pero lo que no voy a hacer es preocuparme en
exceso por alguien que ha decidido salir y pasarlo bien. ¡Allá él!
- Uy….noto en el tonito un poco de desilusión mezclada con cierta envidia.
- Para nada. Por mí como si se pasa sus vacaciones en esa cama.
Continuará...
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